Segundo
relato.-
La Imitación de Cristo.
Mira que
son sabios y listos estos curas: nos entienden, y nosotros a ellos, no. No es
que no sepamos, es que no lo hemos aprendido, o tal vez comprendido. Aquí, o lo sabes todo, o no sabes nada. Pero no te puedes
considerar menos preciado, porque la verdad está en todas partes y es gratuita
-según todos menos la iglesia-, lo
que no podemos pretender es estar como Dios, al tiempo y en todas partes. Te lo
relato tal cual me lo contó un viejo en un puesto del
rastro una mañana de domingo en Zaragoza, que
a sus ochenta años aún tenía fuerza y ganas para vender
libros religiosos antiguos de segunda mano, que le pudieran servir a los demás. Señalándome una antigua versión ilustrada de una Biblia, se
dirige a mi diciéndome: "yo
nunca escribí por qué todo lo que hay, …aquí está, incluso bien y mejor dicho,…. sin faltar a la verdad".
Emilio,
así se llama el anciano pero aún lúcido librero; todavía se teñía su pelo canoso con un
colorante casero, mezclando creo yo, betún marrón de los zapatos con azafrán, que le daba una apariencia
muy juvenil y libertina. Se gustaba él como nadie, y pretendía salvar los cuerpos y almas de otras desamparadas
feligresas necesitadas de amor maduro pero pasionalmente religiosa, como la experiencia
sugerida por el e-Iglesia.
Al puesto
de libros religiosos usados, incluso diría bastante sobados, acudían en bandada los forofos y fanáticos partidarios de
la Santa Inquisición y de la Santa Cruzada que me
recuerda otro tiempo no tan lejano, y también por curiosos que como yo andan aburrido en el
lugar tratando de pasar el caluroso tiempo aumentado por la temperatura de la
plataforma de alquitrán negro derretido por el solajero
que hacía esa mañana, buscando la buena sombra en un puesto, que no estorbe
y me entretenga. Estos puestos religiosos
suelen estar en el mejor sitio, como las iglesias, son frescas en verano y
calientes en el invierno, ya que usan tela o plástico según el día y el tiempo.
Algo tenía que comprar para permanecer allí más tiempo al fresco, vamos como
una limosna o una donación para contribuir a aquello.
Me fije en el libro más pequeño que había creyendo fuera el menos
costoso. Cuando lo cogí con mi mano izquierda percibí la acaricia que da la encuadernación de piel, con la derecha abrí la miniatura de libro por la
primera página impresa, a un lado un
cuadro del crucificado que ponían siempre en las estampas
funerarias de antes y en la otra cara un laborioso grabado, que más parece un retablo haciendo una cruz indicando el título y el autor del libro: LA IMITACIÓN DE CRISTO de Tomás de Kempis, una de las varias ediciones que ha publicado
Editorial Regina en plena segunda guerra mundial.
- ¡Ese libro es una joya! Exclamó Emilio el librero.
- Me puse
en guardia, pidiéndole el precio.
- 30
monedas de euros es su valor pero para usted que tiene pinta de buena persona
se lo dejaré en menos.
- ¿Cuánto de menos?
- ¡En la mitad se lo dejo!
El
regateo me obliga a comprar asiento en la sombra o irme al tendido de sol para
quemarme la frente. La verdad pensando que el asiento tiene una alfombrilla y no te quedas pegado al suelo, me lo voy a
pensar con tranquilidad lo de comprar el libro forrado en piel, no sé de que animal; yo me sentía como un cerdo, hinchado por
los tubos de cerveza que me había tomado para no deshidratarme
en aquel momento, lo de la barriga cervecera es de otros momentos que no tienen
que ver con esto.
Consuela
grandemente el ánimo ver cómo en medio de este relato frívolo puedo recomendarte una
lectura obligada para los buscadores, aunque sea solo para ver el lado oscuro o
permanecer en la sombra, de un libro muy apreciado por miles de católicos, que ocupa un lugar tan preeminente después de los Santos Evangelios. Menos mal que ahora corre un
poco el aire de la Dehesa del Moncayo, humedecido por las frías aguas que bajan por el Ebro.
- ¡Mire señor, escuche con atención! De él sacan las almas piadosas
grande provecho espiritual, a él acuden para la meditación de las eternas verdades, para solaz de su espíritu, fatigado por las varias vicisitudes de la vida, y
como despertador de una vida enteramente cristiana y conforme al Divino
Ejemplar Jesucristo, en cuya imitación está la vida y salvación del hombre. Este libro lo
puede llevar usted siempre en el bolsillo, y cuando tenga algún contratiempo o problema, lo consulta al momento, y asunto
arreglado.
- ¿Entonces la miniatura es solo por el tamaño del libro, no por el contenido?¿El precio no lo puede ajustar un poco más al tamaño, o el tamaño no importa?
Emilio
seriamente me dice con gran solemnidad:
- “Quien me sigue no anda en tinieblas”, dice el Señor. Estas palabras son de Cristo, con las cuales nos amonesta que
imitemos su vida y costumbres, si queremos verdaderamente ser alumbrados y
libres de toda ceguedad del corazón. ¡Y eso no me permite que lo rebaje más de la mitad el precio! ¡Las cosas que tienen valor,
tienen su sagrado precio!
- ¡Ya! como las plegarias y las indulgencias de la Iglesia.
- Por
supuesto, para el sostenimiento de la Santa Madre, la Santísima Trinidad y los asuntos del Santo Padre.
- ¿Esto es como la cruz del impuesto sobre la renta para
mantener el patrimonio de la Santa Iglesia Apostólica y Romana?
-No señor, es para conservar la Basílica de Zaragoza dedicada a la
Virgen del Pilar, patrona de la toda la Hispanidad ¿O acaso cree usted que la Pilarica no se lo merece, con
todos los milagros que ha hecho?
- ¿Milagros? Le pregunté incrédulamente.
- ¡Si, milagros! como el famoso de Calanda, un mendigo que
perdió una pierna en un accidente,
le pidió a la Virgen del Pilar que se
la repusiera y a la mañana siguiente se levantó de la cama con las dos
piernas a caminar… ¿ Cuál va a ser su deseo para la
Virgen?
- Que me
rebaje el precio del libro… ¿sería un milagro? Un deseo, …. que conserven el órgano de la Seo por haberlo tocado mi bisabuelo el maño, Maestro Valle. Con el dinero que me cobraron a la
entrada de la catedral y el ahorro del IBI, ya lo pueden bien cuidar, ….y no sería ningún milagro, sino una buena inversión.
Me lo
llevo, por lo menos es mono, me servirá para adornar la estantería de la biblioteca.
¡Tome las 15 monedas de plata, el
borde de oro y el escudo de España!
Se hizo
el loco y no me dio las gracias, … yo tampoco le debo “nada”.
“El que quiera pues, experimentar plenamente todo el sabor
de las palabras de Cristo, conviene que procure conformar con él toda su vida”. Lo dicho, “La Imitación de Cristo” es un libro de Tomás de Kempis publicado anónimamente en el siglo XV, escrito en forma de consejos
breves cuyo objetivo es instruir al alma en la perfección cristiana, proponiendo como modelo al mismo Jesucristo, se
ha convertido con el tiempo en un clásico de la literatura mística, que alguien debiera actualizar. En cualquier librería especializada lo puedes encontrar, como dije, el mío se lo compré a un viejo "librero" en el rastro
de Zaragoza por tan solo 15 euros, "libre" de impuestos.
Qué divertido y qué bien transmites lo que quieres contar.
ResponderEliminarYa veo que te has encontrado con un bouquinista. Suelo ir al Rastro madrileño cuando tengo oportunidad, me gusta curiosear entre libros viejos, antiguos.
Lo de la religión es otra historia.
EliminarDesde muy pequeña, junto a mis hermanas (siete chicas y un chico), mi educación ha sido religiosa: católica, apostólica y romana. Nuestros primeros años, entre los 4 y los 10, los vivímos en un colegio de monjas, de señoritas, La Compañía de María, Santa María Assumpta. Entre los 10 y los 18 en el Instituto de Segunda Enseñanza, "Bárbara de Braganza". Pero llegó mayo del 68 y a partir de ahí... poco a poco nuestras creencias pasaron a mejor vida.